En general, sí. Imagina que instalas todo el césped y, unas semanas después, decides construir una jardinera justo en uno de los extremos. Seguramente haya que volver a trabajar sobre una zona que ya estaba terminada. Si sabes que quieres hacerla, lo razonable es dejarla preparada desde el principio. Lo mismo ocurre con los bordillos, los remates o las adaptaciones del pavimento.
Eso no significa que tengas que reformar todo el jardín de una vez. Puede que solo necesites una pequeña intervención. Pero merece la pena revisar esas necesidades antes de empezar, aunque después decidas hacer algunos cambios más adelante.
Si estás valorando qué trabajos pueden acompañar a la instalación, puedes consultar nuestros complementos de obra para césped artificial.
¿Y si el jardín ya tiene elementos construidos?
No siempre hay que empezar desde cero. Puede que tengas una jardinera que quieras conservar, un camino que sigue estando en buen estado o una terraza que no necesitas modificar.
En ese caso, habrá que estudiar cómo se integra el césped artificial con lo que ya existe. A veces bastará con preparar el encuentro entre dos superficies. Otras veces habrá que corregir alguna zona concreta antes de instalar.
También conviene comprobar cómo evacúa el agua el terreno. No tendría sentido resolver un desnivel o modificar un pavimento sin tener en cuenta el drenaje. La idea no es hacer obra porque sí, sino intervenir donde realmente haga falta.